LOS GRUPOS COMUNISTAS

[17-VIII-1920; L.O.N.; 140-143]

Hemos insistido frecuentemente en esta tesis general: que en el período histórico dominado por la clase burguesa todas las formas de asociación (incluso las que ha formado la clase obrera para sostener la lucha), en cuanto nacen y se desarrollan en el terreno de la democracia liberal, no pueden menos de ser inherentes al sistema burgués y a la estructura capitalista; por tanto, tal como han nacido y se han desarrollado con el nacimiento y el desarrollo del capitalismo, así también decaen y se corrompen al decaer y corromperse el sistema al que se encuentran incorporadas. Muchos acontecimientos de la vida obrera del actual período histórico (indisciplina de las masas respecto de las organizaciones, pronunciamiento de fábricas aisladas en favor de las teorías anarquistas y sindicalistas, episodios de desánimo y de postración aguda, triunfos efímeros y ruidosos de los diversos Masaniellos [22] que pululan por las calles y las plazas) serían incomprensibles si no se contemplaran en el marco de la descomposición de las instituciones tradicionales de gobierno; se explican y se justifican, en cambio, por las dolorosas fatigas que caracterizan todo período histórico en el cual una clase oprimida intenta desatarse de las condiciones de su esclavitud y se esfuerza por sentar las bases de los nuevos ordenamientos que realizarán su autonomía histórica. De esa tesis general hemos partido para desarrollar la crítica a la organización sindical, concebida siempre como la forma originaria de la clase obrera y como la forma autónoma de desarrollo de la revolución comunista, y hemos sostenido, por el contrario, la "originariedad" del Consejo de fábrica, la única institución proletaria que, por nacer precisamente allí donde no subsisten las relaciones políticas de ciudadano a ciudadano, allí donde no existen para la clase obrera ni libertad ni democracia, sino sólo, y con su mayor crudeza, las relaciones económicas de explotador a explotado, de opresor a oprimido, representa el esfuerzo perenne de liberación que la clase obrera realiza por sí misma, con sus propios medios y sistemas, para fines que no pueden ser sino los suyos específicos, sin intermediarios, sin delegaciones de poder a funcionarios ni a politicastros de carrera. Tampoco el Partido Socialista ha quedado fuera de ese proceso general de disolución y hundimiento de las instituciones tradicionales de gobierno de la sociedad dividida en clases, pero el partido, por su mayor ductilidad (puesto que no está gravado por la sedimentación de los intereses constituidos), ha sabido reaccionar rápidamente, sobre todo donde la tensión revolucionaria es más viva (como en Turín); el partido está experimentando una crisis de transformación orgánica, y los elementos de la neo-formación de los grupos comunistas de fábrica.

22 Tommaso Aniello, llamado Masaniello, pescador, dirigente de la rebelión del pueblo de Nápoles contra las medidas fiscales del Gobernador español. Asesinado el 16 de junio de 1647 en el convento del Carmen, de Nápoles. Gramsci lo entiende como ejemplo característico de la rebelión sin perspectivas.

La forma tradicional de organización del Partido Socialista no es distinta de la forma de cualquier otro partido nacido en el terreno de la democracia liberal. Esa forma es la asamblea general de socios que nombra una oficina ejecutiva de confianza para la mayoría y otra oficina de arbitraje. En la forma de organización del partido se encuentran realizados todos los principios de funcionalidad propios de la asociación política democrática: la división de los poderes en deliberativo, ejecutivo y judicial, así como la concurrencia interna de los... partidos (tendencias revolucionaria y reformista, que intentan alternarse maniobrando del mismo modo oportunista), y se encuentran los caracteres esenciales de toda asamblea en que se exprese la democracia soberana: la irresponsabilidad, la incompetencia, la volubilidad, el tumulto. Caracteres esenciales naturalmente "corregidos" por el funcionarismo y la arbitrariedad burocrática de las oficinas ejecutivas. Esta forma, característica de todas las asociaciones nacidas como desarrollo de la democracia política burguesa, expresa la sustancia histórica que da vida a las asociaciones mismas; la voluntad de conquistar la mayoría en las asambleas populares (Consejos municipales y provinciales, Cámara de Diputados) y de conquistar esa mayoría con el método propio de la democracia: espetando a los cuerpos electorales programas tan genéricos como indigestos (y jurando que se pondrán en práctica a toda costa).

La asamblea es la forma de asociación política que corresponde al Estado que se basa en la circunscripción territorial. Es la continuación de los ordenamientos de las poblaciones bárbaras que expresaban la soberanía golpeando el suelo con la contera de las lanzas y lanzando rugidos. La sicología de las asambleas políticas que expresan la soberanía en régimen democrático es la "sicología de las masas", o sea, el predominio de los instintos animales y de la irresponsabilidad anónima sobre la racionalidad y la espiritualidad: produce linchamientos si predominan los sentimientos menos nobles, y, en los momentos de exaltación lírica, produce los episodios de una emulación que quiere sustituir a los caballos para llevar en triunfo a la bailarina de moda. A pesar de lo cual, el diputado más inteligente y diligente de la Asamblea Nacional Italiana ha sentenciado que el Parlamento es al Sóviet como la ciudad a la horda bárbara [23 Frase de Turati].

Como el Estado obrero es un momento del proceso de desarrollo de la sociedad humana que tiende a identificar las relaciones de su convivencia política con las relaciones técnicas de la producción industrial, el Estado obrero no se funda en circunscripciones territoriales, sino en las formaciones orgánicas de la producción: las fábricas, los astilleros, los arsenales, las minas, las factorías. En cuanto el Partido Socialista se organiza en las sedes de trabajo, se presenta como partido de gobierno de la clase obrera en las instituciones nuevas que ésta va elaborando para actuar su autonomía histórica, para convertirse en clase dominante. La sustancia histórica de la asociación política proletaria no es ya únicamente la voluntad de conquistar la mayoría en las asambleas populares del Estado burgués; es también la voluntad de ayudar concretamente a la clase obrera en su fatigoso esfuerzo de elaboración. Hoy es ya posible prever una transformación radical de la forma organizativa del partido: la asamblea de socios, átomos individuales sólo responsables ante su conciencia turbada e inhibida por las tempestuosas improvisaciones demagógicas y por el miedo de no estar a la altura de los congresos políticos del proletariado, será sustituida por las asambleas de delegados con mandato imperativo, que querrán, a su vez, sustituir las discusiones genéricas y farragosas por discusiones de problemas concretos que interesan a los obreros de las fábricas; esos delegados, obligados por las necesidades de la propaganda y de la lucha en las fábricas, querrán también que las asambleas del partido se conviertan finalmente en preparación de la conquista real del poder económico y político por las masas proletarias. Se hace posible prever la transformación del Partido Socialista, de asociación nacida y desarrollada en el terreno de la democracia liberal, en un nuevo tipo de organización exclusivo de la civilización proletaria.

Ha bastado lanzar la consigna de que se formarían en Turín grupos comunistas para que éstos se organizaran inmediatamente y empezaran a funcionar con vitalidad. En la huelga interna metalúrgica que precedió al gigantesco movimiento del pasado abril, el grupo comunista, apenas constituido, tuvo que asumir en algunas fábricas, por la ineptitud del Consejo de los comisarios de sección, el gobierno de la clase, evitando la descomposición de la disciplina revolucionaria y deteniendo tajantemente toda disolución. Las experiencias realizadas hasta ahora en los principales talleres son ya un patrimonio precioso que deberá estimar la próxima reunión de los delegados de grupo, para hacerlo accesible a todos los camaradas de las secciones. Sólo de esa reunión podrá surgir en sus líneas esenciales el programa unitario de trabajo que se ha hecho ya necesario; ese programa consistirá en la organización de los elementos de experiencia concreta que cada grupo dé como particular aportación suya. Ya hoy es posible declarar que la figura histórica del Partido Socialista queda transformada por la constitución de los grupos comunistas: con esto se hace ya posible comprender la figura histórica del Partido Comunista ruso. El partido, en cuanto compuesto por obreros revolucionarios, lucha junto con la masa, se encuentra inmerso en la realidad de fuego que es la lucha revolucionaria; pero como encarna la doctrina marxista, la lucha es para los obreros del partido lucha consciente de un fin preciso y determinado, voluntad clara, disciplina preformada en las conciencias y en las voluntades. Los obreros del Partido son así en el Estado obrero una vanguardia industrial, del mismo modo que son una vanguardia revolucionaria en el período de la lucha por la instauración del poder proletario: el entusiasmo revolucionario se traslada ahora al campo de la producción.

El comunismo como sistema de las nuevas relaciones sociales se realiza sólo en la medida en que existen las condiciones materiales de su actuación: este sistema de relaciones no puede instaurarse por vía legislativa y administrativa. El Partido Comunista tiene en el Estado obrero la función de reactivo psicológico sobre las grandes masas para llevarlas a la actuación consciente y voluntaria de las nuevas relaciones posibilitadas por las condiciones nuevas. La introducción del sábado comunista [24] como "costumbre" ética de las masas proletarias rusas se debe a la disciplina de los obreros del Partido Comunista que han realizado por vez primera, a través de grupos de fábrica, el nuevo modo de trabajo y producción, único que puede definitivamente sofocar al capitalismo y que representa, por tanto, la culminación de la lucha de clases revolucionaria empezada con la toma del poder político y con el control del trabajo y la producción.

[24] Prestación gratuita de trabajo en sábado (día festivo) a beneficio de los gastos de guerra.

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