POR UNA RENOVACION DEL PARTIDO SOCIALISTA

[8-V-1920; L.0.N.; 116-123]

1) La fisonomía de la lucha de clases se caracteriza en Italia, en el momento actual, por el hecho de que los obreros industriales y agrícolas están incoerciblemente determinados, en todo el territorio nacional, a plantear de modo explícito y violento la cuestión de la propiedad de los medios de producción. La agravación de las crisis nacionales e internacionales que destruyen progresivamente el valor de la moneda prueba que el capital ha llegado a una situación extrema; el actual orden de producción y distribución no consigue ya satisfacer ni siquiera las exigencias elementales de la vida humana, y se mantiene sólo porque está ferozmente defendido por la fuerza armada del Estado burgués; todos los movimientos del pueblo trabajador italiano tienden irresistiblemente a realizar una gigantesca revolución económica que introduzca nuevos modos de producción, un orden nuevo en el proceso productivo y distributivo, que dé a la clase de los obreros industriales y agrícolas el poder de iniciativa en la producción, arrancándoselo de las manos a los capitalistas y a los terratenientes.

2) Los industriales y los terratenientes han realizado una concentración máxima de la disciplina y de la potencia de clase: una orden lanzada por la Confederación General de la Industria italiana se realiza inmediatamente en cada fábrica. El Estado burgués ha creado un cuerpo armado mercenario dispuesto para funcionar como instrumento ejecutivo de la voluntad de esa nueva y fuerte organización de la clase propietaria, la cual tiende, por medio del lock-out aplicado en gran escala y del terrorismo, a restaurar su poder sobre los medios de producción, obligando a los obreros y a los campesinos a dejarse expropiar de una multiplicada cantidad de trabajo no pagado. El último lock-out de los establecimientos metalúrgicos de Turín ha sido un episodio de esa voluntad de los industriales de pisar la nuca de la clase obrera; los industriales han aprovechado la falta de coordinación y de concentración revolucionaria de las fuerzas obreras italianas para intentar destruir la organización del proletariado turinés y aniquilar en la conciencia de los proletarios el prestigio y la autoridad de las instituciones de fábrica (Consejos y comisarios de sección) que habían empezado la lucha por el control obrero. La prolongación de las huelgas agrícolas en las regiones de Novara y la Lomellina prueba que los propietarios de la tierra están dispuestos a destruir la producción con tal de llevar al hambre y a la desesperación al proletariado agrícola y subyugarlo implacablemente bajo las condiciones de trabajo y existencia más duras y humillantes.

3) La fase actual de la lucha de clases en Italia es la fase que precede a la conquista del poder político por el proletariado revolucionario, mediante el paso a nuevos modos de producción y de distribución que permitan una recuperación de la productividad, o bien a una tremenda reacción de la clase propietaria y de la casta de gobierno. Ninguna violencia dejará de aplicarse para someter el proletariado industrial y agrícola a un trabajo de siervos; se intentará destruir inexorablemente los organismos de lucha política de la clase obrera (Partido Socialista) e incorporar los organismos de resistencia económica (los sindicatos y las cooperativas) al sistema de engranajes del Estado burgués.

4) Las fuerzas obreras y campesinas carecen de coordinación y de concentración revolucionaria porque los organismos directivos del Partido Socialista han mostrado que no entienden absolutamente nada de la fase de desarrollo que atraviesa en el período actual la historia nacional e internacional, y que no comprenden nada de la misión que incumbe a los organismos de lucha del proletariado revolucionario. El Partido Socialista asiste como espectador al desarrollo de los acontecimientos, no tiene nunca opinión propia que formular en dependencia de las tesis revolucionarias del marxismo y de la Internacional comunista, no lanza ninguna consigna que puedan recoger las masas y que pueda dar una dirección general, unificar y concentrar la acción revolucionaria. El Partido Socialista, como organización política de la parte de vanguardia de la clase obrera, debería realizar una acción de conjunto capaz de situar a toda la clase obrera en condiciones de lograr la revolución y vencer de un modo duradero. El Partido Socialista, constituido por la parte de la clase obrera que no se ha dejado deprimir ni postrar por la opresión física y espiritual del sistema capitalista, sino que ha conseguido salvar su autonomía y su espíritu de iniciativa consciente y disciplinada, debería encarnar la conciencia revolucionaria vigilante de toda la clase explotada. Su tarea consiste en atraer la atención de toda la masa, en obtener que sus directivas sean directivas de toda la masa, en conquistar la confianza permanente de toda la masa, para convertirse en su guía y cabeza reflexiva. Por eso es necesario que el partido viva siempre sumergido en la efectiva realidad de la lucha de clases desarrollada por el proletariado industrial y agrícola, que sepa comprender las diversas fases, los diversos episodios, las múltiples manifestaciones de esa lucha, con objeto de precisar la unidad de la diversidad múltiple, con objeto de poder dar una dirección real al conjunto de los movimientos e infundir en las masas la convicción de que hay un orden inmanente al espantoso desorden actual, un orden que, una vez organizado, regenerará la sociedad de los hombres y hará que el instrumento de trabajo sea adecuado para satisfacer las exigencias de la vida elemental y del proceso civil. Incluso después del Congreso de Bolonia, el Partido Socialista ha seguido siendo un partido meramente parlamentario, que se mantiene inmóvil dentro de los estrechos límites de la democracia burguesa, que se preocupa sólo de las superficiales afirmaciones políticas de la casta de gobierno; no ha adquirido una figura autónoma de partido característica del proletariado revolucionario y sólo del proletariado revolucionario.

5) Después del Congreso de Bolonia los organismos centrales del partido habrían tenido que empezar inmediatamente y desarrollar hasta el final una enérgica acción para homogeneizar y cohesionar la formación revolucionaria del partido, para dar a éste la fisonomía específica y propia del Partido Comunista adherido a la III Internacional. La polémica con los reformistas y los oportunistas no se empezó siquiera: ni la dirección del partido ni el Avanti! contrapusieron una concepción revolucionaria a la incesante propaganda que desarrollan los reformistas y los oportunistas en el Parlamento y en los organismos sindicales. Los órganos centrales del partido no hicieron nada por dar a las masas una educación política en sentido comunista, por inducir a las masas a eliminar a los reformistas y a los oportunistas de la dirección de las instituciones sindicales y cooperativas, por dar a las diversas secciones y grupos del partido que eran más activos una orientación y una táctica unificadas. Así ha ocurrido que mientras la mayoría revolucionaria del partido no ha podido expresar su pensamiento ni ha tenido ejecutores de su voluntad en la dirección ni en el periódico, los elementos oportunistas, en cambio, se han organizado sólidamente y han aprovechado el prestigio y la autoridad del partido para consolidar sus posiciones parlamentarias y sindicales. La dirección les ha permitido concentrarse y votar resoluciones contradictorias de los principios y la táctica de la III Internacional y hostiles a la orientación del partido; la dirección ha dejado autonomía absoluta a organismos subordinados, los cuales han desarrollado acciones y han difundido concepciones contrarias a los principios y a la táctica de la III Internacional; la dirección del partido ha estado sistemáticamente ausente de la vida y de la actividad de las secciones, de los organismos, de los diversos compañeros. La confusión que existía en el partido antes del Congreso de Bolonia y que podía explicarse por el régimen de guerra no ha desaparecido, sino que incluso ha aumentado de una manera espantosa; es natural que en esas condiciones el partido haya decaído en la confianza de las masas, y que en muchos lugares hayan intentado imponerse las tendencias anarquistas. El partido político de la clase obrera se justifica sólo en la medida en que, centralizando y coordinando enérgicamente la acción proletaria, contrapone un poder revolucionario de hecho al poder legal del Estado burgués y limita la libertad de iniciativa y de maniobra de éste; si el partido no realiza la unidad y la simultaneidad de los esfuerzos, si el partido resulta ser un mero organismo burocrático, sin alma y sin voluntad, la clase obrera tiende instintivamente a constituir otro partido y se desplaza hacia las tendencias anarquistas, las cuales se dedican precisamente siempre a criticar ásperamente la centralización y el funcionarismo de los partidos políticos.

6) El partido ha estado ausente del movimiento internacional. La lucha de clases va tomando en todos los países del mundo formas gigantescas; los proletarios oyen en todas partes la exhortación a renovar sus métodos de lucha, y a menudo, como en Alemania tras el golpe de fuerza militar, a levantarse con las armas en la mano. El partido no se preocupa por explicar al pueblo trabajador italiano esos acontecimientos, por justificarlos a la luz de la concepción de la Internacional comunista, no se ocupa de desarrollar toda una acción educativa orientada a dar conciencia al pueblo trabajador italiano de la verdad, de que la revolución proletaria es un fenómeno mundial y de que cada acaecimiento tiene que considerarse y juzgarse en un cuadro mundial. La III Internacional se ha reunido ya dos veces en Europa occidental, en diciembre de 1919 en una ciudad alemana y en febrero de 1920 en Amsterdam: el partido italiano no estuvo representado en ninguna de esas dos reuniones; los militantes del partido no han sido siquiera informados por los organismos centrales acerca de las discusiones ocurridas ni de las resoluciones tomadas por las dos conferencias. En el campo de la III Internacional hierven las polémicas acerca de la doctrina y la táctica de la Internacional comunista: esas polémicas han llevado a veces (como en Alemania) a escisiones internas. El partido italiano está completamente al margen de ese floreciente debate ideal en el cual se templan las conciencias revolucionarias y se construye la unidad espiritual y de acción del proletariado de todos los países. El órgano central del partido no tiene corresponsales ni en Francia, ni en Inglaterra, ni en Alemania, ni siquiera en Suiza: rara situación para el periódico del partido socialista, que representa en Italia los intereses del proletariado internacional, y rara situación la provocada para la clase obrera italiana, que tiene que informarse por las noticias de las agencias y de los periódicos burgueses, truncas y tendenciosas. El Avanti!, como órgano del partido, tendría que ser órgano de la III Internacional; en el Avanti! deberían encontrarse todas las noticias, las polémicas, los estudios de problemas proletarios que interesan a la III Internacional; en el Avanti! habría que llevar a cabo, con espíritu unitario, una polémica constante contra todas las desviaciones y los compromisos oportunistas; el Avanti!, en cambio, resalta manifestaciones del pensamiento oportunista, como el reciente discurso parlamentario del diputado Treves, basado en una concepción pequeño-burguesa de las relaciones internacionales para desarrollar una teoría contrarrevolucionaria y derrotista de las energías proletarias. Esta carencia de preocupación de los órganos centrales por informar al proletariado de los acontecimientos y de las discusiones teóricas que se desarrollan en la III Internacional puede observarse también en la actividad de la Librería-Editorial del partido. La librería sigue publicando opúsculos sin importancia o escritos para difundir concepciones y opiniones propias de la II Internacional, mientras que ignora las publicaciones de la III Internacional. Escritos de camaradas rusos absolutamente imprescindibles para comprender la revolución bolchevique se han traducido en Suiza, en Inglaterra, en Alemania, y son ignorados en Italia: valga como ejemplo por todos el volumen de Lenin Estado y Revolución; los opúsculos de la III Internacional que se publican están, además, traducidos pésimamente y son a menudo incomprensibles por los retorcimientos de la gramática y del sentido común.

7) Resulta ya del análisis precedente cuál es la obra de renovación y de organización que consideramos indispensable en el partido,. El partido tiene que adquirir una figura precisa y clara: de partido parlamentario pequeño-burgués tiene que convertirse en partido del proletariado revolucionario que lucha por el porvenir de la sociedad comunista a través del Estado obrero; partido homogéneo, cohesionado, con su doctrina, su táctica y una disciplina rígida e implacable. Los que no son comunistas revolucionarios tienen que ser eliminados del partido, y la dirección, liberada de la preocupación de conservar la unidad y el equilibrio entre las diversas tendencias y entre los diversos leaders, debe dirigir toda su energía a la organización de las fuerzas obreras en un dispositivo de guerra. Todo acontecimiento de la vida proletaria nacional e internacional tiene que comentarse inmediatamente en manifiestos y circulares de la dirección, para obtener argumentos de propaganda comunista y de educación de las conciencias revolucionarias. La dirección, manteniéndose siempre en contacto con las secciones, debe convertirse en centro motor de la acción proletaria en todas sus manifestaciones. Las secciones deben promover en todas las fábricas, en los sindicatos, en las cooperativas, en los cuarteles, la formación de grupos comunistas que difundan constantemente entre las masas las concepciones y la táctica del partido, que organicen la creación de Consejos de fábrica para el ejercicio del control de la producción industrial y agrícola, que desarrollen la propaganda necesaria para conquistar orgánicamente los sindicatos, las Cámaras del Trabajo y la Confederación General del Trabajo, para convertirse en los elementos de confianza que las masas delegarán para formar Sóviets políticos y para ejercer la dictadura proletaria. La existencia de un Partido Comunista cohesionado y fuertemente disciplinado, que coordine y concentre en su comité ejecutivo central toda la acción revolucionaria del proletariado, a través de sus núcleos de fábrica, de sindicato, de cooperativa, es la condición fundamental e indispensable para intentar cualquier experimento de Sóviet; a falta de esa condición, toda propuesta de experimento debe rechazarse por absurda y útil sólo para los difamadores de la idea soviética. Del mismo modo hay que rechazar la propuesta del pequeño parlamento socialista, el cual se convertiría pronto en un instrumento en manos de la mayoría reformista y oportunista del grupo parlamentario para difundir utopías democráticas y proyectos contrarrevolucionarios.

8) La dirección debe estudiar, redactar y difundir inmediatamente un programa de gobierno revolucionario del Partido Socialista en el que se propongan las soluciones reales que el proletariado, convertido en clase revolucionaria, dará a todos los problemas esenciales --económicos, políticos, religiosos, educativos, etc.-- que acosan a los diversos estratos de la población trabajadora italiana. Basándose en la concepción de que el partido funda su potencia y su acción sólo en la clase de los obreros industriales y agrícolas que no tienen ninguna propiedad privada, y considera a los demás estratos del pueblo trabajador como auxiliares de la clase estrictamente proletaria, el partido debe lanzar un manifiesto en el cual plantee explícitamente la conquista revolucionaria del poder político, en el cual se invite al proletariado industrial y agrícola a prepararse y armarse y se indiquen los elementos de las soluciones comunistas a los problemas actuales: control obrero de la producción y la distribución, desarme de los cuerpos armados mercenarios, control de los ayuntamientos por las organizaciones obreras.

9) La sección socialista de Turín se propone promover, sobre la base de esas consideraciones, un acuerdo con los grupos de camaradas de todas las secciones que quieran constituirse para discutirlas y aprobarlas; acuerdo organizado que prepare en plazo breve un congreso dedicado a discutir los problemas de táctica y de organización proletaria y que controle al mismo tiempo la actividad de los organismos ejecutivos del partido.

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