SINDICATOS Y CONSEJOS (I)

La organización proletaria que se resume como expresión total de la masa obrera y campesina en las oficinas centrales de la Confederación del Trabajo, atraviesa una crisis constitucional similar por naturaleza a la crisis en la que vanamente se debate el estado democrático-parlamentario. La crisis es de poder y de soberanía. La solución de una será la solución de la otra, ya que, resolviendo el problema de la voluntad de poder en el ámbito de su organización de clase, los trabajadores llegarán a crear la estructura orgánica de su estado y victoriosamente la contrapondrán al estado parlamentario.

Los obreros sienten que el complejo de "su" organización se ha convertido en un aparato tan enorme que ha terminado por obedecer a leyes propias, implícitas en su estructura y en su complicado funcionamiento pero extrañas a la masa que conquistó conciencia de su misión histórica de clase revolucionarla. Sienten que su voluntad de poder no logra expresarse, en un sentido neto y preciso, a través de las actuales jerarquías institucionales. Sienten que también en su casa, en la casa que construyeron tenazmente, con esfuerzos pacientes, cimentándola con sangre y lágrimas, la máquina oprime al hombre, la burocracia esteriliza el espíritu creador y el diletantismo banal y verbalista trata en vano de ocultar la ausencia de conceptos precisos sobre la necesidad de la producción industrial y la total incomprensión de la psicología de las masas proletarias. Los obreros se irritan por estas condiciones de hecho, pero son individualmente impotentes para modificarlas; las palabras y la voluntad de cada hombre son muy poca cosa frente a las leyes férreas inherentes a la estructura funcional del aparato sindical.

Los líderes de la organización no se hacen cargo de esta crisis profunda y difundida. Cuanto más claramente se evidencia que la clase obrera no está integrada en forma coherente a su real estructura histórica, cuanto más claro resulta que la clase obrera no está encuadrada en una configuración que incesantemente se adapte a las leyes que gobiernan el íntimo proceso de desarrollo real de la propia clase, tanto más estos líderes se obstinan en la ceguera y se esfuerzan por solucionar "jurídicamente" las disidencias y los conflictos. Espíritus eminentemente burocráticos, ellos creen que una condición objetiva, radicada en la psicología que se desarrolla en las experiencias vivas de la fábrica, puede ser superada con un discurso que mueva los sentimientos, y con un orden del día aprobado por unanimidad en una asamblea embotada por el estruendo y por la verborragia oratoria. Hoy ellos se esfuerzan por ponerse "a la altura de los tiempos" y, tanto por demostrar que son también capaces de "meditar con dureza", sacan a flote las viejas y deterioradas ideologías sindicalistas, insistiendo penosamente en establecer relaciones de identidad entre el Soviet y el sindicato, insistiendo con constancia en afirmar que el sistema actual de organización sindical constituye ya la estructura de la sociedad comunista, representa el sistema de fuerzas en el que debe encarnarse la dictadura proletaria.

El sindicato, en la forma que existe actualmente en los países de Europa occidental, es un tipo de organización no sólo esencialmente distinto del Soviet, sino muy distinto también del sindicato tal como viene desarrollándose en la República comunista rusa.

Los sindicatos de oficios, las cámaras del trabajo, las federaciones industriales, la Confederación General del Trabajo, constituyen el tipo de organización proletaria específica del período de historia dominado por el capital. En cierto sentido se puede sostener que son parte integrante de la sociedad capitalista, y tienen una función que es inherente al régimen de propiedad privada. En este periodo, en el que los individuos valen en cuanto son propietarios de mercancía y comercian con su propiedad, también los obreros han debido obedecer a las leyes férreas de la necesidad general y se convirtieron en comerciantes de su única propiedad: la fuerza de trabajo y la inteligencia profesional. Más expuestos a los riesgos de la competencia, los obreros acumularon su propiedad en "empresas" cada vez más vastas y organizadas, crearon un enorme aparato de concentración de carne de fatiga, impusieron precios y horarios y disciplinaron el mercado. Tomaron de fuera o seleccionaron de su propio seno un personal administrativo de confianza, experto en este género de especulaciones, capacitado para dominar las condiciones del mercado, capaz de estipular contratos, de evaluar los riesgos comerciales, de iniciar operaciones económicamente útiles. La naturaleza esencial del sindicato es competitiva, no comunista. El sindicato no puede ser instrumento de renovación radical de la sociedad: puede ofrecer al proletariado expertos burócratas, técnicos capaces en cuestiones industriales de índole general, pero no puede ser la base del poder proletario. El sindicato no ofrece ninguna posibilidad de selección de individualidades proletarias capaces y dignas de dirigir la sociedad, no se puede lograr de él los cuadros en que se encarnen el impulso vital, el ritmo de progreso de la sociedad comunista.

La dictadura proletaria puede encarnarse en un tipo de organización que sea específica de la actividad propia de los productores y no de los asalariados, esclavos del capital. El consejo de fábrica es la primera célula de esta organización. Puesto que en el consejo todos los sectores del trabajo están representados proporcionalmente a la contribución que cada oficio y cada sector de trabajo da a la elaboración del objeto que la fábrica produce para la colectividad, la institución es de clase, es social. Su razón de ser está en el trabajo, está en la producción industrial, en un hecho permanente y no ya en el salario, en la división de clases, es decir, en un hecho transitorio y que precisamente se quiere superar.

Por eso el consejo realiza la unidad de la clase trabajadora, da a las masas una cohesión y una forma que tienen la misma naturaleza de la cohesión y de la forma que la masa asume en la organización general de la sociedad.

El consejo de fábrica es el modelo del estado proletario. Todos los problemas que son inherentes a la organización del estado proletario, son inherentes a la organización del consejo. Tanto en uno como en otro el concepto de ciudadano decae y es sustituido por el concepto de compañero: la colaboración para producir bien y con utilidad desarrolla la solidaridad, multiplica los lazos de afecto y fraternidad. Cada uno es indispensable, cada uno está en su puesto, y cada uno tiene una función y un puesto. Aun el más ignorante y retrasado de los obreros, el más vanidoso y el más "civil" de los ingenieros termina por convencerse de ésta verdad en las experiencias de organización de fábrica: todos terminan por adquirir una conciencia comunista, por comprender el gran paso hacia adelante que la economía comunista representa sobre la economía capitalista. El consejo es el más adecuado órgano de educación recíproca y de desarrollo del nuevo espíritu social que el proletariado ha logrado extraer de la experiencia viva y fecunda de la comunidad de trabajo. La solidaridad obrera que en el sindicato se desarrollaba en la lucha contra el capitalismo, en el sufrimiento y en el sacrificio, en el consejo es positiva, permanente, está encarnada aun en el momento más descuidado de la producción industrial, está contenida en la conciencia gozosa de ser un todo orgánico, un sistema homogéneo y compacto que trabajando con fines útiles, produciendo desinteresadamente la riqueza social, afirma su soberanía, realiza su poder y su libertad creadora de historia.

La existencia de una organización en la que la clase trabajadora esté encuadrada con su homogeneidad de clase productora y quo haga posible un espontáneo y libre florecimiento de jerarquías o individualidades dignas y capaces, tendrá reflejos importantes y fundamentales en la constitución y en el espíritu que anima la actividad de los sindicatos.

También el consejo de fábrica se basa sobre el oficio. En cada sección los obreros se dividen en equipos y cada equipo es una unidad de trabajo (de oficio): el consejo está constituido precisamente por delegados que los obreros eligen por oficio (equipo) de sección. :Mientras el sindicato se basa en el individuo, el consejo se basa en la unidad orgánica y concreta del oficio que se realiza en el disciplinamiento del proceso industrial. El equipo (el oficio) siente que es distinto en el cuerpo homogéneo de la clase, pero al mismo tiempo se siente como engranaje del sistema de disciplina y de orden que hace posible, con su funcionamiento exacto y preciso, el desarrollo de la producción. Como interés económico y político el oficio es parte inseparable y perfectamente integrada con el cuerpo de la clase; se diferencia como interés técnico y como desarrollo del instrumento particular que usa en el trabajo. Del mismo modo todas las industrias son homogéneas y solidarias en el fin de realizar una perfecta producción, distribución y acumulación social de la riqueza; pero cada industria tiene intereses distintos por cuanto mira hacia la organización técnica de su actividad específica.

La existencia del consejo otorga a los obreros la responsabilidad directa de la producción, los lleva a mejorar su trabajo, instituye una disciplina consciente y voluntaria, crea la psicología del productor, del creador de historia. Los obreros aportan al sindicato esta nueva conciencia y de la simple actividad de lucha de clase el sindicato pasa a dedicarse a la labor fundamental de imprimir a la vida económica y a la técnica del trabajo una nueva configuración, se dedica a elaborar la forma de vida económica y de técnica profesional que es propia de la civilización comunista. En este sentido los sindicatos, que están constituidos por los obreros mejores y más conscientes, logran el momento supremo de la lucha do clase y de la dictadura del proletariado: crean las condiciones objetivas para que las clases no puedan ya existir ni renacer.

Esto hacen en Rusia los sindicatos de industria. Fueron convertidos en organismos dentro de los que todas las empresas de determinada industria se amalgaman, se conectan, se articulan, formando una gran unidad industrial. El derroche de la competencia es eliminado, los grandes servicios administrativos, de abastecimiento, de distribución y de almacenamiento, son unificados en grandes centrales. Los sistemas de trabajo, los secretos de fabricación, las nuevas aplicaciones se vuelven inmediatamente comunes a toda la industria. La multiplicidad de funciones burocráticas y disciplinarias inherentes a las relaciones entre propiedad privada y empresa individual, se reduce a las puras necesidades industriales. La aplicación de principios sindicales a la industria textil permitió en Rusia una reducción de burocracia de 100.000 empleados a 3.500. La organización por fábrica ordena la clase (toda la clase) en una unidad homogénea y coherente que se adhiere plásticamente al proceso industrial de producción y lo domina para adueñarse en forma definitiva. En la organización por fábrica se encarna entonces la dictadura proletaria, el estado comunista que destruye el dominio de clase en las superestructuras políticas y en sus engranajes generales.

Los sindicatos de oficio y de industria son las sólidas vértebras del gran cuerpo proletario. Elaboran las experiencias individuales y locales, y las acumulan, logrando el equilibrio nacional de las condiciones de trabajo y de producción sobre el que se basa concretamente la igualdad comunista.

Pero para que sea posible imprimir a los sindicatos esta dirección positivamente clasista y comunista es necesario que los obreros dirijan toda su voluntad y su fe hacia la consolidación y la difusión de los consejos, hacia la unificación orgánica de la clase trabajadora. Sobre este fundamento homogéneo y sólido florecerán y se desarrollarán todas las superiores estructuras de la dictadura y de la economía comunista.

(L'Ordine Nuovo, 11 de octubre de 1919.)

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