LENINISMO Y MARXISMO DE RODOLFO MONDOLFO

[15-V-1919; L.0.N.; 373-375]

Cuentan que un profesor alemán de bachillerato que, cosa rara, había conseguido enamorarse, combinaba del modo siguiente la pedagogía con la ternura: -¿Me quieres, tesoro mío? -Si. -No, en la respuesta hay que repetir la pregunta, así: Sí, te quiero, ratoncito mío.

Ese profesor es Rodolfo Mondolfo; su amor a la revolución es amor gramatical. El pregunta y se enfada por las contestaciones. Pregunta: ¿Marx? Y le contestan: Lenin. Y eso, pobres de nosotros, no es científico, no puede satisfacer la sensibilidad filológica del erudito y del arqueólogo. Entonces, con una enternecedora seriedad catedrática, Mondolfo suspende, suspende, suspende: cero en gramática, cero en ciencia comparada, cero en prácticas de magisterio.

Sabemos que la seriedad profesoral no es más que apariencia de seriedad: es pedantería, filisteísmo y, a menudo, incomprensión absoluta. Mondolfo incoa un proceso a las intenciones y atribuye a los comunistas rusos intenciones que no han tenido nunca o que no tienen ningún valor histórico real. El hecho esencial de la Revolución rusa es la instauración de un nuevo tipo de Estado: el Estado de los Consejos. A eso tiene que atender la crítica histórica. Todo lo demás es contingencia condicionada por la vida política internacional, la cual significa para la Revolución rusa bloqueo económico, guerra en frentes de miles de kilómetros contra los invasores, guerra interna contra los saboteadores. Nimiedades para Mondolfo, que no las tiene en absoluto en cuenta. El quiere que le dé precisión gramatical un Estado obligado a utilizar todo su poder y todos sus medios para subsistir, para consolidar su existencia fundiéndola con la revolución internacional.

Mondolfo se exprime toda la inteligencia para destilar significación antimarxista de una narración de Máximo Gorki, Lucecillas. La narración se ha publicado en lzvestia, de Petrogrado (es posible que Mondolfo ignore este detalle), o sea, en el periódico oficial de la Comuna del Norte. Porque es una narración sugestiva, porque muestra con suficiente claridad el proceso de desarrollo del comunismo ruso. Mondolfo, que no tiene en cuenta el hecho esencial de la Revolución rusa, el Estado de los Soviet, no ha comprendido la narración. Por otra parte, su texto no es exacto: está traducido del alemán, mientras que el Mercure de France ha publicado una traducción directa del ruso. En el Mercure los mujiks del condado de Omsk realizan un acto real de lucha de clases: no se trata de una aldea que expropia a otra, sino que las requisas se consuman en el selo, es decir, en el centro campesino en el que vive la burguesía, los ricachos (que es como el mujik siberiano llama a los burgueses): un campesino del sur italiano diría "en el castillo". Y la narración describe cómo se producen los contactos entre la industria moderna y la agricultura patriarcal, o sea, cómo consiguen los bolcheviques suscitar, en interés de los unos y de los otros, la unidad de los campesinos y los obreros. Y describe cómo se produce en el régimen comunista la acumulación de capital (necesaria para el progreso económico) que, al ser administrado por el Soviet, por el poder del Estado, y no por individuos privados, muestra una posibilidad de desarrollo social de la Revolución rusa que se escapa completamente a Mondolfo, del mismo modo que el gramático pierde siempre el alma de la poesía.

Mondolfo ha reprochado a los alemanes su esclavitud espiritual. ¡Ay, cuántos papas infalibles son tiranos de la conciencia de los hombres libres y esterilizan en ellos toda fuente de humanidad!

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