NEUTRALIDAD ACTIVA Y OPERANTE

[31-X-1914; I.G.P.; S. G. 3-7]

El problema concreto

Aun dentro de la extraordinaria confusión que ha producido la presente crisis europea en las conciencias y en los partidos, todos están de acuerdo acerca de un punto: el presente momento histórico es de una gravedad indecible, sus consecuencias pueden ser gravísimas, y puesto que se ha vertido tanta sangre y se han destruido tantas energías, hagamos de tal modo que se resuelva el mayor número posible de las cuestiones dejadas irresueltas por el pasado y que la humanidad pueda volver a emprender su camino sin que se lo estorbe tanta grisura de tristezas e injusticias, sin que su porvenir pueda verse pronto atravesado por otra de estas catástrofes que exija de nuevo otro desperdicio tan formidable como éste de vida y de actividad.

Y nosotros, socialistas italianos, nos planteamos el problema siguiente: "¿Cuál debe ser la función del Partido Socialista italiano (téngase en cuenta, no del proletariado o del socialismo en general) en el presente momento de la vida italiana?"

Porque el Partido Socialista, al que damos toda nuestra actividad, es también italiano, o sea, es la sección de la Internacional socialista que ha asumido la tarea de conquistar para la Internacional la nación italiana. Esta tarea suya inmediata, siempre actual, le confiere caracteres especiales, nacionales, que le obligan a asumir en la vida italiana una función específica y una responsabilidad suyas. Es un Estado en potencia que va madurando, antagonista del Estado burgués, y que intenta en la lucha cotidiana con este último y en el desarrollo de su dialéctica interna crearse los órganos necesarios para superarlo y absorberlo. Y en el desarrollo de ésa su función es autónomo, no depende de la Internacional sino por el objetivo supremo que hay que conseguir y por el carácter del clase que ha de presentar siempre esa lucha.

Sólo el P.S.I. es juez competente del modo como debe afirmarse esa lucha en las varias contingencias y del momento en que debe culminar en la revolución, pues sólo él vive y conoce sus varios aspectos.

Sólo así podemos legitimar la risa y el desprecio con que acogimos los improperios de G. Hervé y los intentos de aproximación de los socialistas alemanes, hablando el uno y los otros en nombre de la Internacional, de la que se afirmaban intérpretes autorizados, cuando el P.S.I. decidió la fórmula de la "neutralidad absoluta".

Las dos neutralidades

Porque obsérvese que no se discute acerca del concepto de neutralidad (neutralidad del proletariado, obviamente), sino acerca del modo de esa neutralidad.

La fórmula de la "neutralidad absoluta" fue utilísima en el primer momento de la crisis, cuando los acontecimientos nos cogieron de improviso, relativamente sin preparar para sus grandes dimensiones, porque sólo la afirmación dogmáticamente intransigente, tajante, podía permitirnos oponer un baluarte compacto, inexpugnable, a la primera inundación de las pasiones, de los intereses particulares. Pero ahora que ya han precipitado de la caótica situación inicial los elementos de confusión, y que cada uno tiene que asumir su propia responsabilidad, esa fórmula no tiene valor más que para los reformistas, que dicen no querer ponerlo todo a una carta (aunque dejan que los demás lo hagan y ganen) y querrían que el proletariado asistiera como espectador imparcial a los acontecimientos, dejando que éstos le traigan su hora, mientras que en ese tiempo los adversarios crean ellos mismos su hora y se preparan su plataforma para la lucha de clases.

Pero los revolucionarios que conciben la historia como creación de su propio espíritu, hecha por una serie ininterrumpida de tirones actuados sobre las demás fuerzas activas y pasivas de la sociedad, y preparan el máximo de condiciones favorables para el tirón definitivo (la revolución), no deben contentarse con la fórmula provisional de "neutralidad absoluta", sino que deben transformarla en una "neutralidad activa y operante". Lo cual significa volver a dar a la vida de la nación su genuino y estricto carácter de lucha de clases, en cuanto la clase trabajadora, obligando a la clase detentadora del poder a asumir sus responsabilidades, obligándola a llevar al absoluto las premisas de las que obtiene su razón de existencia, a sufrir el examen de la preparación con la cual ha intentado llegar a la meta que declaraba suya, la obliga (en nuestro caso, en Italia) a reconocer que ha fracasado completamente en cuanto a sus fines, porque ha metido a la nación, de la cual se proclamaba representante única, en un callejón sin salida del cual no podrá salir sino abandonando a su propio destino todas esas instituciones que son directamente responsables de su presente tristísimo estado.

Sólo así se restablecerá el dualismo de las clases, se liberará el Partido Socialista de todas las incrustaciones burguesas que el miedo a la guerra le ha cargado (nunca como en estos últimos dos meses había tenido el socialismo tantos simpatizantes más o menos interesados) y, tras haber hecho comprobar al país (que en Italia no es todo él ni proletario ni burgués, dado el poco interés que la gran masa del pueblo ha mostrado siempre por la lucha política y, por consiguiente, es tanto más fácilmente conquistable por el que sepa probar energía y una visión clara de los propios destinos) que aquellos que se decían mandatarios suyos han resultado incapaces de cualquier acción, [podrá] preparar al proletariado para sustituirlos, prepararlo para actuar aquel tirón máximo que significa que la civilización desemboca de una forma imperfecta para pasar a otra más perfecta.

El caso Mussolini

Por eso me parece que habría debido ser más cauto a. t.2, el cual ha escrito en el último número del Grido a propósito del llamado caso Mussolini. Habría debido distinguir entre lo que en las declaraciones del director del Avanti! se debía al hombre Mussolini, al romañolo (hasta de eso se ha hablado), y lo que era de Mussolini socialista italiano; en suma, tomar lo vital que podía haber en su actitud y dirigir su crítica a ello, destruyéndolo o encontrando un plano de conciliación entre el formalismo doctrinario del resto de la Dirección del partido y el concretismo realista del director del Avanti! 3

2 Angelo Tasca fue compañero de Gramsci en Turín. Nació en 1890. Hijo de un obrero socialista, militó desde joven en las juventudes del Partido Socialista italiano y luego en el partido mismo. Muy pronto tuvo choques con el futuro dirigente de la izquierda comunista, Amadeo Bordiga. Tasca lo sería de la futura derecha comunista. Ya en 1912, por ejemplo, Tasca era para Bordiga un "culturalista" idealista y Bordiga para Tasca un determinista sociológico. (Gramsci estará de acuerdo con ambas condenas teóricas más tarde, al formarse su propio pensamiento político y teórico en pugna con las ideas de sus dos amigos.) Tasca influyó muy probablemente en el ingreso de Gramsci en el P.S.I. Ya en 1912 se le ve instándole a ello. Formó luego parte del grupo de L'Ordine Nuovo, cuya financiación inicial aseguró; pero muy pronto aparecieron discrepancias entre Tasca y Gramsci. El problema que provocó el divorcio político fue la manera de concebir la organización de la clase obrera. Tasca --y en esto coincidía Bordiga-- rechazaba el programa gramsciano de formación de consejos obreros independientes de los sindicatos, como organismos directos de clase en los que intervinieran también obreros no sindicados ni organizados en partidos políticos. Tasca y Bordiga rechazaban cualquier organización de la clase obrera que no fuera el partido político o el sindicato. La mayor vinculación de Tasca a las tradiciones políticas y sindicales de la socialdemocracia hizo de él la cabeza de la derecha del P.C.d’I. desde la fundación de éste. Tasca fue expulsado del P.C.d'I. en 1929, hallándose, como el "centro" del partido, exiliado en Francia. Pasó luego a la socialdemocracia francesa. Su archivo personal, editado en los Anales Feltrinelli de 1966, por Giuseppe Berti, es una importante fuente para el conocimiento de la historia del comunismo italiano.

3 Benito Mussolini, entonces director del órgano del P.S.I., Avanti!, publicó en ese periódico el 24 de octubre de 1914 un artículo en el que sostenía una política de "neutralidad relativa" en la guerra. El P. S. I., que sostenía una política de neutralidad absoluta, destituyó a Mussolini de la dirección del periódico. Tres semanas después, el 15 de noviembre, aparecía el nuevo periódico de Mussolini, luego órgano del fascismo. Il Popolo d'Italia, proponiendo la intervención plena en la guerra.

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